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Archive for 23 noviembre 2011

Autocrítica

noviembre 23, 2011 14 comentarios

Ya se sabe. Los médicos de familia somos muy buenos. Y los del hospital son malos. Quizás los internistas un poco menos. Aunque últimamente se estén empeñando en quitarnos competencias para buscarse salidas laborales. Que si los pacientes crónicos, que si los pluripatológicos. Hasta la atención domiciliaria a los terminales. Un trabajo que por el bienestar del paciente y la familia, por eficiencia, por historia y casi hasta por lógica es del médico de cabecera. El que conoce al paciente y a la familia, que trabaja cerca del domicilio y que en muchos casos será el que habrá iniciado el proceso diagnostico y le que le habrá comunicado el pronóstico al paciente y la familia. Y sin embargo en casi toda España las unidades de cuidados paliativos, hospitalización domiciliaria y similares están en manos de los internistas (con alguna excepción). Han convertido a éstos pacientes en un yacimiento de empleo “robándolos” a sus médicos de familia. Éste un posible discurso.

Pero hagamos un poco de autocrítica. Actualmente estoy rotando por la unidad de hospitalización domiciliaria de mi área hospitalaria, estoy conociendo su funcionamiento de primera mano y algunas situaciones me han llamado especialmente la atención. La derivación de los pacientes a estas unidades no es obligatoria. Cualquier médico de familia puede atender a sus pacientes en situación terminal en el domicilio como lo hacen en la mayoría de zonas donde no existen unidades de soporte específicas (que solo suelen existir en las grandes ciudades). Pueden atenderlos y deben, ya que es parte esencial de su trabajo. Sin embargo en un elevadísimo numero de casos, estos pacientes son derivados a hospitalización domiciliaria por su médico que prácticamente se desentiende de ellos. Listo. Uno menos, que la consulta no deja tiempo para nada y bastante fastidio es tener que hacer avisos urgentes de cuando en cuando como para estar acudiendo día si y día también a casa de un terminal. Y de avisos programados ni hablamos. Algunos pacientes que han sufrido un encamamiento muy prolongado ni siquiera conocen a su médico de cabecera. Éstos se escudan en la falta de tiempo, de medios o de conocimientos. Todo ello discutible. En un cupo medio, la mediana de pacientes terminales que requerirán atención a domicilio es de 2 al año que no supone en ningún caso una carga de trabajo excesiva. La formación específica en el manejo de estos pacientes suele estar a disposición de todos los médicos de familia, y desde hace años tiene un papel importante en lel programa de los residentes de familia. Y el último modelo carísimo de infusor subcutáneo hace mas fácil la administración del tratamiento a la familia, pero no es imprescindible ni puede ser el factor limitante para prestar una adecuada asistencia.

Si todos los médicos de familia asumiéramos esta parte de nuestro trabajo, estas unidades desprovistas de pacientes caerían por su propio eso. Si están saturadas de trabajo y en continuo crecimiento no es porque nos roben pacientes, es porque nosotros los estamos abandonando. Quizá sea complicado cambiar la inercia de los médicos con mentalidad de funcionario de ventanilla que perdieron el entusiasmo hace años y cuyo afán es llegar lo más temprano posible a casa. Pero en nuestra mano está que en los próximos años, a medida que nuevas generaciones de residentes nos vayamos incorporando al sistema sanitario y los vayamos sustituyendo recuperemos esta y otras funciones de las que nos hemos ido desprendiendo y que son inherentes a nuestro trabajo de médico de familia. La unidad de hospitalización domiciliaria del hospital Virgen del Rocío es fantástica, realiza una tarea ímproba con unos recursos escasos y es un ejemplo de profesionalidad, humanidad y dedicación a los pacientes. Ý desde aquí les agradezco su magnifica contribución a la formación de los residentes de medicina de familia. Pero ojalá un día todas estas unidades desaparezcan porque ya no sean necesarias

¿5%? No Gracias

noviembre 13, 2011 51 comentarios

Hace varias semanas los delegados de una presentación de amlodipino sublingual y otra de enalapril sublingual le hicieron una oferta a la directora de nuestro centro de salud: “Si llegamos a un acuerdo, el 5% de lo recabado en oficinas de farmacia por la venta de nuestros productos os lo devolveremos a cuenta del centro de salud“. Pasadas un par de semanas, la directora nos trasladó la oferta al equipo. Y en bloque decidimos refutarla.

Estimados estrategas del laboratorio responsable, les propongo otros fines, dado que entiendo que les sobra, que podríamos darle a ese 5%:

– Arreglen todas las calles del barrio para evitar caídas en ancianos.

– Háganse cargo de las facturas de la luz, ahora que llega el invierno y habrá que encender los braseros, de los domicilios que subsisten en el barrio con todos sus miembros desempleados.

– Paguen las gimnasias de mantenimiento que precisamos. Monitores y piscinas incluidas, no sean remolones, que les llega.

– Costeen auxiliares a domicilio, que vamos cortos. Aprovechen por favor la bolsa de desempleados de los cupos, y matamos dos pájaros de un tiro.

– Suplan leyes de dependencia.

– Por favor pongan ascensores en los bloques en los que todavía no hay. Un cuarto sin ascensor puede llegar a ser de lo más desagradable llegado el momento. El momento de morirse solo en casa me refiero.

– Contraten actores comunitarios profesionales. Que todos los días a partir de las 12 del mediodía hay un par de grupos de unos 20-30 jóvenes en la veintena (total 60, aunque ustedes de números imagino que sabrán más que yo) que se dedican a fumar porros y beber litronas. Desconocemos a cuenta de quién. Podrían pagárselo también. A lo que iba es que estos profesionales tienen un éxito nada desdeñable en la reconducción vital de estos jóvenes. Y eso es salud.

– Páguenle los seguros sociales a los negros que montan los stands de cinturones chinos. Sepan ustedes que estos negros si viven más, y lo harán si la cobertura social es mejor, acabarán siendo hipertensos, ustedes saben.

– Bajen el precio de todos sus fármacos un 5%. Si están dispuestos a regalárnoslo a nosotros, pueden hacerlo.

O incluso mejor, dejen sus productos al mismo precio que las presentaciones no bucodispersables, que con la que está cayendo, si de verdad su producto es el mejor, entrando en precio, les garantizo que los recetaremos. Recuperando ustedes en ese caso ampliamente toda la inversión que hayan hecho en I+D.

– E Investiguen nuevas líneas de tratamiento en tuberculosis, malaria, esquistosomiasis y resto de enfermedades tropicales que padecen personas pobres y/o de mayor riesgo social. Sumando 3/4 partes de la humanidad y para las que los laboratorios de su sector han comercializado el 1,1% de los fármacos sacados al mercado en los últimos 30 años. Y ya de paso véndanlos baratos.

Déjennos trabajar tranquilos por favor.

No queremos su dinero.

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Hablando despacito de los trajines de la vida mientras quitamos las pegatas de unas mahous en el Cantábrico

noviembre 1, 2011 2 comentarios

Hace unos días Rafa Cofiño nos sorprendió publicando la carta que Valentín Sánchez le envió desde Guatemala. Amigos de bar, barra, lecturas, de profesión. Amigos. Que nos permiten compartir con vosotros sus textos. Espero que os guste.

de valentin sanchez

para rafa
fecha 29 de octubre de 2010 14:51 (hace cuatro horas)
asunto tres semanas

“Amigo

Hace meses que no hablamos despacito de los trajines de la vida mientras quitamos las pegatas de unas mahous en el Cantábrico. No pude despedirme en condiciones, ni que me dieras tu bendición y ya hace tres semanas que aterrizamos en esta ciudad de humo donde vive María G. de cuarenta y cinco años, en farmacia están preocupados porque hace un mes que tenía que haber pasado a por el tratamiento. Le echaron del trabajo, su jefa descubrió unos botes de antirretrovirales en su bolso, ¡ no quiero que nadie así cuide a mis hijos! Ocho años de empleada de hogar. Sin ganas de levantarse de la cama en un mes.

Hoy también llegaron a la clínica don R. y doña P. arrugaditos, entre los dos no suman cientosesenta libras de peso, vienen de su pueblo, demasiado pobres para costearse la camioneta para todas sus citas, demasiado lejos para ir y venir en el mismo día, se suelen quedar en el albergue que han montado “las monjas” cerca de la clínica para los pacientes que vienen de lejos. Prefieren así y que nadie lo sepa en su pueblo. Saben sonreír como nadie, saben abrazarse y caminar pasito a pasito uno muy cerca del otro para sostenerse. Don R. se muere por la música, se ganó la vida repartiéndola de comundad en comunidad las noches de fiesta y baile, cuando en Guatemala lo que sonaba era el ruido seco de las metralletas, treintaiseis años de guerra civil.

Doña P. nunca le pregunto, prefiere asi.

Hace tres días vino V. , vino solo, su madre trabaja, su padre murió hace cuatro años, histoplasma mata en Guatemala más que la tuberculosis, me cuenta su pediatra que es un patojo ejemplar, gracias a los talleres de psicología y trabajo social sabe mucho de su enfermedad, cumple al tratamiento al día desde hace años, sabe el nombre de todos sus fármacos y no falta a ninguna cita. Pero llegan tiempos difíciles, V. vive en zona 11, drogas, maras, balaceras en la noche, el mes que viene cumple trece años, el mostacho y las espinillas asoman.

Hoy vino L. vino con su abuela, cada día dan gracias por levantarse y sobrevivir en zona XX, la semana pasada 4 muertes por arma de fuego, no conoció a su papá, su mama no está desde hace 2 años, carga viral: 102.345 copias, cd4: 323. Está agotando su tercer esquema terapéutico. Nos quedan pocas opciones de tratamiento para hacer su carga viral indetectable, en Guate solo disponemos de un puñado de antirretrovirales y con ellos hay que hacer maravillas.

S., dos años, bajo peso para la talla, desnutrición leve, zona XX, le cuida su hermana de quince años, su mama trabaja en la calle, buena adherencia, su hermana es un sol, carga viral indetectable, bien, nos vemos en tres meses.

H., trabaja en la línea, zona XX, de ocho a ocho, paga 45 quetzales al día por un cuchitril con tejado de zinc y su cama de trabajo, carga viral: 40 copias, cd4 siguen en 250, medicación para dos meses y una caja de 60 condones.

Doña S. viene con su hijo M. de 18 meses, bajo peso para la talla, pero hoy hay buenas noticias: ultima serología de VIH negativa, el programa de transmisión vertical ha funcionado. M. no está infectado. Hoy es un día alegre en la clínica. La vida acá se celebra como en pocos lugares.

Llegamos tarde a la sesión de equipo, dicen que los lunes son así, café rápido a sorbos por el pasillo y entramos…
Seguimos compañero, cuánta falta me haces aquí.
Un abrazo

valen”

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