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¿Nos podemos fiar de los ensayos financiados por los laboratorios?

En los últimos días se ha armado cierto revuelo tras la publicación en el British Medical Journal del artículo “Reboxetine for acute treatment of major depression: systematic review and meta-analysis of published and unpublished placebo and selective serotonin reuptake inhibitor controlled trials“.

Se refiere a la Reboxetina, un antidepresivo cuyo uso lleva varios años autorizado y cuyo papel en la terapéutica no estaba muy claro.  Existían varios ensayos publicados que comparaban eficacia y seguridad de Reboxetina frente a placebo y a ISRS con resultados favorables a la Reboxetina. Sin embargo existían datos de que se habían realizado más ensayos que no se habían publicado.

Lo interesante de esta revisión promovida por el Instituto para la Calidad y la Eficiencia de la Asistencia Sanitaria, de Alemania (algo así como el NICE alemán)  es que tiene 2 objetivos. Uno es el habitual de establecer los beneficios y riesgos de la Reboxetina frente a placebo y ISRS en el tratamiento agudo de la depresión. El otro y el que ha despertado el interés de muchos incluido el comité editorial del BMJ es medir el impacto del sesgo de publicación (más info aqui) en los ensayos de Reboxetina.

Después de no pocos obstáculos puestos por el laboratorio desarrollador de la molécula (Pfizer), los autores lograron reunir todos los datos de los ensayos publicados y NO publicados. Encontraron que los publicados dejaban fuera al 75% del total de los pacientes que habían participado en los ensayos.

Las conclusiones del estudio, igualmente son 2. Que la Reboxetina es, en principio, un antidepresivo poco eficaz e inseguro. Y sobre todo, que la evidencia previamente publicada estaba muy afectada por el sesgo de publicación, lo que subraya la necesidad de regular la obligatoriedad de publicar los datos de ensayos clínicos (el corolario es de los autores: Published evidence is affected by publication bias, underlining the urgent need for mandatory publication of trial data).

Podemos hacer varias reflexiones. Respondiendo al título de la entrada, no nos podemos fiar de todo lo que se publique, independientemente de la solvencia de la publicación. Y por fiar, queremos decir extraer recomendaciones que tengan fuerza suficiente para incorporarlas a nuestra práctica clínica. Debemos recordar que no todos los estudios tienen el mismo nivel de evidencia, que existen los conflictos de interés y que, como ilustra este caso, existe el sesgo de publicación. Debemos plantearnos siempre si un fármaco nuevo aporta tantas ventajas como para no demorar unos años su uso cuando todos estos factores van perdiendo peso. Al final, el tiempo pone a cada uno (y a cada molécula) en su sitio, y los fármacos que realmente demuestran su eficacia y seguridad a un precio adecuado, se acaban imponiendo.

Otras reflexiones que nos vienen a la mente se refieren a la ocultación de información sobre seguridad por parte del laboratorio, a la responsabilidad social y a las diferencias entre lo legal y lo legítimo, pero eso lo dejaremos para más adelante.

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